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Neurociencia para que los ordenadores entiendan la ironía del lenguaje humano

El investigador del BCBL Blair Armstrong ha publicado recientemente 5 investigaciones basadas en una combinación de neurociencia, psicología y computación
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Lunes 5 de mayo de 2014 | BASQUE COGNITION, BRAIN AND LANGUAGE
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Los investigadores que estudian el cerebro emplean tecnologías de última generación, como la resonancia magnética, pero deben sacar conclusiones a partir de datos parciales como la intensidad del riego sanguíneo en una zona del cerebro, los impulsos eléctricos o la rapidez en las respuestas de las personas que participan en los experimentos. Es decir, pueden medir la actividad del cerebro, pero no saben exactamente qué está haciendo el órgano.

Para poder estudiar un aspecto muy complejo de la relación entre el cerebro y el lenguaje, como la ambigüedad de las palabras, el investigador canadiense del Basque Center on Cognition, Brain and Language (BCBL) Blair Armstrong, becado con el prestigioso fellowship europeo Marie Curie, propone una nueva aproximación al estudio de este campo, suma de la psicología, la neurociencia y la ciencia de computación, que él llama “ciencia computacional cognitiva”.

Los científicos esperan que en el futuro los avances en esta combinación de disciplinas permitirán a las máquinas comunicarse con los humanos del mismo modo en el que nosotros lo hacemos. Entre otras aplicaciones, estas investigaciones suponen un nuevo paso en la creación de la web semántica en la que los buscadores serán más capaces de entender los equívocos, dobles sentidos e ironías de la manera natural de comunicación entre humanos.

Aprender a leer cambia nuestra forma
de ver el mundo

Un estudio del centro vasco BCBL prueba que la adquisición de la lectura modifica las capacidades perceptivas de los seres humanos
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Martes 18 de marzo de 2014 | BASQUE CENTER ON COGNITION, BRAIND AND LANGUAGE
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Cuando aprendemos a leer nuestro cerebro cambia. Los recientes avances en neurociencia han demostrado que la adquisición de la lectoescritura produce cambios en diversas áreas del cerebro, tanto a nivel estructural como a nivel funcional. Los cambios principales son sin duda aquellos que se refieren directamente a la conducta lectora y al modo en el que el cerebro procesa la información ortográfica, pero curiosamente las consecuencias derivadas de aprender a leer se extienden también a otros aspectos de la percepción humana.

Los lectores muestran un patrón de comportamiento muy peculiar que hace que por un lado identifiquen perfectamente las diferencias entre palabras que se parecen en su ortografía (por ejemplo, identificando que las palabras “gatas”, “patas” y “gafas” son diferentes pese a que visualmente se parezcan mucho), mientras que por otro lado pasan por alto alteraciones importantes en el orden de las letras, pudiendo leer de manera bastante fluida frases como “En el retsaurante pedimos un posrte de cholocate fantátsico”.

Somos capaces de leer cadenas de letras con alteraciones en la posición original de las letras, según el doctor Jon Andoni Duñabeitia, investigador del Basque Center on Cognition, Brain and Language, a causa del “alto nivel de flexibilidad en la codificación del orden y de la identidad de las letras que todo lector experto tiene, lo que le permite leer de manera rápida sin centrar constantemente la atención en cada una de las letras que forman cada una de las palabras”.