Una investigación en la que participa un grupo de la UPV/EHU apunta a que unos 1.000 años separan los registros de la presencia de ambas especies
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Martes 22 de abril de 2014 | UNIVERSIDAD DEL PAÍS VASCO
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La imagen que imaginábamos del encuentro de un neandertal y uno de los primeros humanos no se dio en la Península Ibérica. Esa es la conclusión a la que ha llegado un equipo internacional en el que participan investigadores de Australian National University, Universidad de Oxford, Universidad del País Vasco, Universidad de Maryland, Universitat de Girona y Universidad de Oviedo, tras volver a datar restos de tres cuevas situadas en la ruta de entrada por los Pirineos de los primeros seres de nuestra especie: L'Arbreda, Labeko Koba y La Viña. El artículo, titulado The chronology of the earliest Upper Palaeolithic in northern Iberia: New insights from L'Arbreda, Labeko Koba and La Viña, se publica en Journal of Human Evolution.
Para datar restos prehistóricos hasta ahora se venía utilizando el carbono 14, un isotopo radiactivo que con el paso de los años va desapareciendo. Cuando han transcurrido unos 40.000 años, es decir, aproximadamente el periodo de llegada de los primeros humanos a Europa, la porción que queda es tan pequeña que se puede contaminar fácilmente y hacer que las fechas parezcan más recientes. Fue a partir de 2005 cuando se comenzó a aplicar una nueva técnica, la que se utiliza para purificar el colágeno en pruebas de ADN. Con este método se consigue la porción de materia orgánica original, desprendiendo toda la contaminación posterior.
Para datar restos prehistóricos hasta ahora se venía utilizando el carbono 14, un isotopo radiactivo que con el paso de los años va desapareciendo. Cuando han transcurrido unos 40.000 años, es decir, aproximadamente el periodo de llegada de los primeros humanos a Europa, la porción que queda es tan pequeña que se puede contaminar fácilmente y hacer que las fechas parezcan más recientes. Fue a partir de 2005 cuando se comenzó a aplicar una nueva técnica, la que se utiliza para purificar el colágeno en pruebas de ADN. Con este método se consigue la porción de materia orgánica original, desprendiendo toda la contaminación posterior.
